
Más que solo un baño cálido
La mayoría de las personas piensan que esas lámparas de calor por infrarrojos sirven únicamente para evitar el frío al salir de la ducha. Pero nosotros las vemos de otra manera. Para nosotros, estas lámparas son, en realidad, un arma secreta contra la humedad.
Cómo lidiar con la humedad
El vapor de agua prefiere las superficies frías. Cuando terminas de ducharte, la habitación se convierte en un baño de vapor, y las paredes comienzan a enfriarse. Eso es exactamente lo que permite que crezca moho en las esquinas.
Pero estas lámparas no solo calientan el aire. También emiten energía que llega directamente a las paredes y suelos. Esto hace que esas superficies vibren, lo cual las mantiene calientes. Cuando las paredes permanecen calientes, el vapor no puede condensarse en gotas. No hay charcos, ni humedad, y por lo tanto, tampoco hay lugar donde pueda crecer el moho.
Mantener todo seguro
El agua y la electricidad no son compatibles. Lo sabemos. Por eso utilizamos vidrio de cuarzo y sellos impermeables para mantener la humedad alejada de los filamentos. También aseguramos que los aparatos tengan una clasificación IP adecuada, para que las conexiones no se corroan debido al vapor.
Un consejo importante: estas lámparas consumen una cantidad considerable de energía, entre 200 W y 600 W cada una. Si vas a instalar varias de ellas, asegúrate de verificar el interruptor correspondiente. No querrás que se corte la electricidad justo cuando estés secándote.
El equilibrio
La radiación de onda corta del infrarrojo actúa de inmediato. Es muy rápida.
Pero esa intensidad significa que las lámparas se vuelven extremadamente calientes al tacto. Si las colcas demasiado bajas o si no cuentas con protecciones adecuadas, podrías quemarte. Para garantizar seguridad, recomendamos colocarlas a unos 2.1 metros del suelo. De esta manera, obtendrás todos los beneficios de secado sin correr el riesgo de acercarte demasiado.